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El Tiempo Buenos Aires.

Cultura | Documento histórico


La sífilis en la historia

Enrique VIII, una de las víctimas de la sífilis.

Enrique VIII, una de las víctimas de la sífilis.





REALPOLITIK | 4 de diciembre de 2011

 

Uno de los problemas más controvertidos en la historia de la medicina es cómo y por qué la infección bacteriana conocida como sífilis brotó súbitamente en Europa a fines del siglo XV. La sífilis es una enfermedad venérea que puede transmitirse de una persona a otra por contacto sexual, a través de la placenta, de una persona que tenga alguna lesión abierta en la boca al compartir un vaso con un sifilítico, por el uso de agujas hipodérmicas en común, al asistir a infectados sin guantes protectores y ante algún descuido de un patólogo cuando efectúa una autopsia. Producido el contagio, sigue un período de incubación que puede variar entre diez y noventa días, aunque es frecuente que la enfermedad se desencadene entre la segunda y la cuarta semana antes de la aparición del primer signo o “chancro”, una reacción tisular localizada en la zona de contacto.

 

El chancro se desarrolla en los órganos genitales o cerca de esa zona, así como en labios y dedos. Se cree, por ejemplo, que la protuberancia a un costado de la nariz de Enrique VIII, del cuadro pintado por Hans Holbein, es un chancro. Luego, sintomática y espontáneamente desaparece, entre la tercera y la octava semana, dejando una leve e imperceptible cicatriz. Su tamaño puede ser grande o tan pequeño como un grano; por eso la primera etapa de la sífilis es tan peligrosa, ya que el enfermo es capaz de infectar a otras personas sin darse cuenta, pues la pequeña úlcera inicial muchas veces pasa inadvertida. Cerca de un cuarto de los pacientes atendidos en las clínicas aseguran no haberse percatado de la lesión.

 

Entre seis y ocho semanas después de la aparición del chancro el paciente entra en la etapa secundaria, aunque los síntomas pueden tardar un año o más en aparecer. En esta etapa se produce una reacción tisular relacionada con la infección, más que una invasión bacteriana. Aparecen sensaciones de malestar, dolor de cabeza y también de garganta, febrícula y, en el 75 por ciento de los casos, un “sarpullido” en la piel que es importante porque puede tomar diversas formas.

 

La sífilis ha sido llamada “la gran imitadora” porque suele ser confundida con otras enfermedades, ya que muchas veces se asemeja al sarpullido del sarampión, la viruela o cualquier otra erupción de la piel. Como regla general, la etapa secundaria no dura mucho; el paciente entra en una fase latente, en la que parece estar completamente libre de signos y síntomas aunque la erupción reaparecerá por una semana o más, para volver a desaparecer. Durante las etapas secundaria y latente temprana el paciente es altamente contagioso. El momento más peligroso transcurre en la etapa latente temprana, durante la cual el paciente puede infectar a otros estando, en apariencia, libre de la enfermedad.

 

Alrededor de dos años más tarde se desarrolla la etapa latente tardía, cuando no hay signos, ni síntomas, ni contagio posible. No se puede decir que el infectado esté curado, ya que los análisis de sangre revelarán la presencia de la sífilis, pero la enfermedad está latente y puede permanecer así durante un período de tiempo, en que quizá la muerte del enfermo sobrevenga por alguna otra causa.

 

El estado latente se puede extender durante años sin que ocurra ningún incidente. Mientras, el sifilítico vive bajo el engaño de estar fuera de peligro; en realidad, la enfermedad ha entrado en la prolongada fase crónica.

 

Entre los tres y los veinte años aparecen los signos de la sífilis terciaria. Hay muchas manifestaciones de ello, ya que la enfermedad afecta casi todos los sistemas del cuerpo. La típica lesión de la sífilis terciaria puede aparecer en cualquier lugar del cuerpo: huesos, corazón, garganta o piel. En esos casos, se pueden apreciar los cambios producidos en los vasos sanguíneos, que presentan debilitamiento e hinchazón de las paredes, llevando al paciente a la muerte por ruptura de la aorta o de alguno de los vasos del cerebro.

 

El sistema nervioso también puede verse afectado, causando la enfermedad llamada tabes dorsal, que gradualmente produce parálisis e incontinencia. Al afectarse el cerebro, la sífilis producía significativos cambios en la personalidad, y hasta parálisis terminal general e insania (PGI).

 

En el estadio terminal el enfermo genera ideas o esquemas poco racionales, pero grandiosos o bizarros. Arthur Conan Doyle -el creador del formidable detective Sherlock Holmes- cuenta la historia de un joven granjero que sorprendió a sus vecinos por su optimismo cuando su granja se deterioraba debido a la depresión de la agricultura: propuso reemplazar las cosechas comunes y plantar el área con rododendros para saturar el mercado. Su idea habría sido posible... de existir un mercado saturable.

 

La mayoría de los pacientes no tratados morían dentro de los primeros cinco años luego de la aparición de los signos de PGI. El proceso de la enfermedad cerebral cambiaba las conductas pero los enfermos podían llevar una vida más o menos normal, hasta que morían por otras causas, quizás arruinando su propia vida con especulaciones locas o aterrorizando a sus familiares con arrebatos de violencia.

 

Debido al desarrollo de la terapia antibiótica, la sífilis terciaria se ha diferenciado de las etapas primaria y secundaria y se ha convertido en una rareza en el mundo occidental desde fines del siglo XIX.

 

ENFERMOS DE SÍFILIS

 

Además de personajes como Iván “El Terrible”, Enrique VIII y Pedro de Mendoza, la intelectualidad también contrajo sífilis, entre los más conocidos está el cuentista francés Guy de Maupassant, Stendhal, Lord Byron el poeta inglés, el novelista irlandés James Joyce, el poeta francés Arturo Rimbaud, el bardo francés Paul verlaine, el gran poeta galo Charles Baudelaire, el filósofo germano Federico Nietszche, el bardo alemán Enrique Heine, el genial poeta gay irlandés Oscar Wilde, los pintores Vicente Van Gogh y Paul Gauguin, además del gran pintor español Francisco de Goya y el gran fabricante de armas Samuel Colt, padre del revólver.

 

Benito Mussolini, dictador italiano cuyas locuras espeluznaban a muchos, también padeció de sífilis, pero no se ha podido confirmar si efectivamente Cristóbal Colón la padecía. Pedro I de Rusia contrajo su sífilis de Catalina, quien antes de ser su consorte y luego emperatriz, fue una prostituta llamada Martha Skavronskaya. La nobleza menor también se vio azotada por sífilis.

 

El Marqués de Sade contrajo sífilis tras un romance tempestuoso con Laura de Lauris. Lord Randolph Churchill padre del gran sir Winston Churchill la adquirió en sus correrías de burdeles antes de casarse con Jennie Jerome. La bailarina y cortesana Lola Montez se dio el lujo de infectar al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, pero ella misma murió loca, pobre y en desgracia en Nueva York.

 

No sería Franz Liszt el único músico en verse afligido por la sífilis, ya que Franz Schubert (que además tenía fama de no lavarse nunca) la contrajo con la meretriz cuyas caricias le inspiraron la Sinfonía Inconclusa. El hermano de Francisco José I -Maximiliano- contrajo la sífilis en un crucero sexual que hizo en un yate por el Brasil, y luego llevó esta enfermedad a su adoradora esposa Carlota de Bélgica. Ambos estaban destinados a ser los emperadores artificiales de México. Tras la ejecución del emperador Maximiliano, Carlota enloqueció y fue recluida. (www.PORTALPLANETASEDNA.com.ar)



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