REALPOLITIK | 31 de mayo de 2009
A los pocos días de ser decapitada Ana, Enrique VIII se casó con Jane Seymour (1509-1537). El Acta de Sucesión de 1536 declaró a los hijos de la reina Jane dentro de la línea de sucesoria, excluyendo a Lady María y a Lady Isabel.
Por fin, Enrique VIII tuvo, con esta esposa, su ansiado hijo varón, el príncipe Eduardo. Jane dio a luz en 1537; asistió, muy débil al bautizo de su hijo, y falleció dos semanas después. El rey la consideró siempre su “verdadera” esposa, porque fue la única que le dio el heredero varón que tanto deseaba. Enrique la enterró en la Capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor, lugar que él había destinado para su propia tumba.
Eduardo era un niño muy débil y el monarca decidió que debía volver a casarse para tener otro varón más saludable. Le sugirieron que lo hiciese con Ana de Cleves (1515-1557) , hermana del protestante Duque de Cleves, que sería un importante aliado en el caso de que Roma atacara a Inglaterra.
Hans Holbein el Joven pintó un retrato de Ana para el rey. A Enrique le agradó el retrato y decidió desposarse con ella. Pero cuando Ana llegó a Inglaterra, el rey no la encontró nada atractiva e, incluso, la llamó en privado “la yegua de Flandes”. El pintor decidió favorecerla en el retrato y no mostrar su cara picada de viruela. A pesar de su gran decepción, Enrique contrajo matrimonio con ella el 6 de enero de 1540. Este enlace respondió a razones políticas, como el que contrajo con Catalina de Aragón.
Pero, al poco tiempo, Enrique quiso terminar el matrimonio. La reina no le gustaba y, además, el Duque de Cleves se había enfrentado al Emperador del Sacro Imperio Romano, con quien Enrique no quería tener dificultades. A diferencia de Catalina, la reina Ana, sabiendo lo peligroso que era su marido cuando quería conseguir una ruptura, no puso obstáculos a la anulación. Testificó que el casamiento no se había consumado y afirmó que Enrique cada noche entraba en su habitación para besarla en la frente y desearle las buenas noches.
El matrimonio fue declarado nulo. Ana recibió el título de “Hermana del rey” y recibió el castillo de Haver, la ex residencia de la familia de Ana Bolena. Su vida transcurrió, de forma discreta, fuera de la corte.
El 28 de julio de 1540, Enrique se casó con la joven Catalina Howard (1521-1542), a la que él llamaba “la rosa sin espinas”, y que era prima de Ana Bolena. Catalina era dama de compañía de la reina Ana de Cleves. El rey la convirtió en su amante y, cuando consiguió la nulidad de su matrimonio con Ana, la hizo su esposa. Enrique tenía casi 50 años, Catalina sólo 19.
Enrique, un hombre ya mayor y obeso (medía 137 centímetros de cintura), obsequió a su joven mujer con joyas y otros valiosos regalos, pero aún así no consiguió interesarla. A ella le desagradaba el cuerpo de su esposo y pronto buscó amantes jóvenes y atractivos. Uno de los cortesanos favoritos del rey, Thomas Culpeper, se convirtió en su amante.
Los rumores de sus infidelidades llegaron hasta los oídos del monarca que, en un principio, no quiso creerlos, pero cuando las evidencias fueron claras, Enrique mandó vigilarla. Se descubrió una carta de amor que había escrito a Culpeper. Fue acusada de adulterio que, en el caso de la reina, significaba también delito de traición.
La reina fue encerrada en la abadía de Middlesex en invierno de 1541. Sus amantes, Thomas Culpeper y Francis Dereham, fueron ejecutados el 8 de diciembre. Catalina fue llevada a la Torre de Londres el 10 de febrero de 1542. La noche anterior a su ejecución, pasó horas practicando como colocar su cabeza sobre el cadalso. El 13 de febrero de 1542 subió al cadalso con gran dignidad, aunque estaba pálida y aterrorizada. Antes de morir, pidió perdón a su familia y rezó por la salvación de su alma. Fue enterrada junto a su prima Ana Bolena.
La última esposa de Enrique VIII fue Catalina Parr (1512-1548). Catalina era una viuda, perteneciente a la nobleza, que había recibido una exquisita educación. Se había casado ya en dos anteriores ocasiones: con Lord Edward Borough, que falleció en 1533; y con Lord Latimer, que murió en 1543. Tras esta muerte, Catalina, convertida en una rica viuda de 31 años, empezó una relación con Thomas Seymour, hermano de la difunta reina Jane Seymour. Pero el rey irrumpió en la vida de Catalina impidiendo que pudiera contraer matrimonio con Seymour. Por lo visto, ella fue a la corte a pedir clemencia por la mujer de su hermano, acusada de adulterio con pruebas concluyentes. El monarca aprovechó la ocasión para pedirle que lo aceptase como esposo y ella consideró un deber hacerlo.
Se casaron el 12 de julio de 1543. Catalina medió en la reconciliación de Enrique con sus hijas, María e Isabel, y mantuvo también una buena relación con el príncipe Eduardo, futuro rey Eduardo VI.
Enrique VIII falleció el 28 de enero de 1547. Fue sepultado en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, al lado de Jane Seymour. Sus últimos años fueron muy difíciles, debilitado por la gota, aguantando fuertes dolores, su estado físico fue progresivamente empeorando hasta su fallecimiento.
Después de la muerte del rey, Catalina se casó casi de inmediato con Tomás Seymour, pero su felicidad no duró mucho. Tomó bajo su tutela a la princesa Isabel, pero su marido fue acusado de abusar de la adolescente princesa Isabel, que tuvo que salir de la mansión donde los tres residían. Por otro lado, Catalina, que no había tenido hijos de sus anteriores matrimonios, quedó embarazada y murió, con 37 años, por complicaciones en el parto.
Curiosamente, en 1782 un caballero llamado John Lucas descubrió el ataúd de la reina Catalina entre las ruinas del castillo de Sudeley. Cuando abrió el féretro, encontró el cuerpo, después de 234 años, en un asombroso estado de conservación. Tomó unos cuantos mechones del cabello del cadáver y cerró de nuevo el ataúd. Cuando el féretro se abrió de nuevo de forma oficial en 1817 sólo quedaban restos de un esqueleto.
(*) La I parte fue publicada el domingo 24 de mayo.