REALPOLITIK | 5 de marzo de 2010
Según lo denunció ante REALPOLITIK, debido a la indiferencia del municipio que conduce Pablo Bruera, Malvina Sanguinetti dio a conocer su conmovedor caso. Se trata de una platense que, luego de un encontronazo con las patotas de la comuna, sufrió la pérdida de su padre, quien falleció de un paro cardiaco el 2 de julio del 2008.
EL CASO RUBÉN SANGUINETTI
Esa jornada fue trágica e inolvidable para esta familia del barrio de Altos de San Lorenzo, porque en el transcurso de cinco horas perdieron a su padre y la única fuente de trabajo que tenían: el puesto verde de calle 17 y 72.
Una mañana de invierno, Rubén Sanguinetti, padre de Malvina, se acercó a su puesto a las seis de la mañana y, sin previo aviso, presenció cómo una topadora destruía sin piedad la fuente laboral de la que se alimentaban once familias.
Por la desesperación, Rubén sufrió un paro cardiaco y cayó al suelo ante la presencia de los obreros que, sin reparar en la situación, continuaron destruyendo el puesto verde que él había trabajado durante 17 años.
Inmediatamente, el hombre fue llevado por su propio hijo de 16 años al hospital San Juan de Dios y, después de tener cuatro paros cardíacos durante veinte minutos, finalmente murió.
Según contó a este medio, lo que más indigna a Malvina es la falta de sentido humanitario del personal de Control Urbano. Según explicó la denunciante, en esa oportunidad, el que se encontraba a cargo del operativo era Juan Malpeli, conocido por su pasado como patovica.
DESILUCIÓN Y INDIFERENCIA
Ante la falta de respuestas, la joven acudió al estudio del abogado Fernando Burlando y, según Malvina, los papeles del caso fueron devueltos: “Los abogados del estudio me dijeron que de mi caso no se podían ocupar, después me enteré que el abogado tenía ciertos arreglos con el municipio y que por ende contra Bruera no podía hacer nada”.
Por este motivo, la causa fue a parar a manos de otro abogado y el caso está en plena proyección de una demanda judicial contra la municipalidad de La Plata.
En esa línea, Malvina comentó a REALPOLITIK que nunca recibió avisos previos a la demolición del puesto: “Nunca llegó ninguna carta, ningún preaviso, ni nada a la casa, ni al puesto. Simplemente destruyeron todo, arrasaron con todo, no nos dejaron sacar nada, le debemos las heladeras a Coca Cola, a Pepsico, porque esos muebles nos los habían cedido como comodato”.
Las explicaciones jamás llegaron, debido a que nadie en la municipalidad se acercó a dialogar con esta familia que cada vez que solicita audiencia con algún funcionario, “ellos nunca están o nunca pueden”.
SIN RESPUESTA
Así comienza este calvario que involucra al intendente comunal. Según contó Malvina, ella heredó el cargo de Rubén dentro del municipio, porque según la ley, al cesar la vida del empleado, el puesto debe ser ocupado por su hijo mayor.
Como resulta evidente, al haber quedado en la ruina y percibir un sueldo escaso como empleada, Malvina solicitó un contrato para su madre, pero éste nunca llegó.
En esa línea, la hija de Sanguinetti manifestó lo siguiente: “Durante la campaña del 2007, Pablo Bruera vino al barrio, yo le abrí la puerta de mi casa más de dos veces, y ahora que es intendente nunca me quiso atender. Gabriel Bruera dijo que me iba a ayudar, pero nunca hizo nada, su secretaria Cecilia Busquets, dice que están trabajando en mi caso pero van a hacer dos años que se murió mi papá y ellos como si nada”.
Cabe destacar que los reclamos de la familia Sanguinetti fueron incesantes. Han enviado distintas notas al intendente, una de las tantas, ingresada con fecha 12 de diciembre del 2008.
LA SITUACIÓN ECONÓMICA FAMILIAR
“En esta casa viven siete personas. Mi mamá, Margarita Merlo, tiene 48 años y no puede ser que siga fregando pisos por 30 pesos al día. Mis hermanas son chiquitas, una tiene 14 y la otra 12, tienen que ir a la escuela y cuidar a unos nenes para poder comprarse las cosas para ir al colegio. Mi hermano de 18 años reparte pizzas, laburamos al día y todavía no podemos cobrar la pensión de mi papá porque los Bruera no se dignan a atenderme”, concluyó una indignada Malvina, que se mostró convencida en nunca bajar los brazos.